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Un Fosbury andaluz



«esto que eee«, se preguntaba el granadino Francisco Martín Morillas, parado ante el televisor, fascinado por lo que acababa de contemplar. así que con 13 años, viendo las olimpiadas de México me quedé atónito al ver aquel salto, que grabé en mi memoria para siempre» , confiesa ahora el atleta andaluz cumplidos los 68 años, graba el ‘fracaso’ de Dick Fosbury en los Juegos del 68un año antes de que el hombre pusiera un pie en la Luna, cuando el disruptivo atleta estadounidense, fallecido esta semana, cambió la historia del salto de altura para siempre.

Cierto que sin colchonetas de gomaespuma no existiría el salto de espaldas, pero no es menos cierto que la técnica Fosbury no se habría globalizado tan rápidamente sin el carisma de un atleta empeñado en seguir fiel a la técnica ‘straddle’, en la que el despegue se realiza con el interior pielogrando un estilo propio, evolucionó desde los 16 años hasta convertirse en el gran referente histórico de esta especialidad.

«Lo recuerdo de una forma muy visual, un atleta terminó una parábola en el aire, mirando al cielo para pasar al otro lado del listón en un soplo», recuerda el saltador granadino, detallando aspectos técnicos que todavía le siguen sorprendiendo. Cómo la naturalidad que transmitía la transición entre la carrera y el despegue, sin sobresaltos, «prescindiendo de la técnica del rodillo ventral, mucho más complicado», precisa el primer plus marquista español que usó el ‘Fosbury flop’ hacerse con con con un récord nacional en salto de altura, 2,22 metros en 1979, materializando una visión, o un sueño, en el que sur medida emulaba al campeón olímpico de 1968, su ídolo de la adolescencia.

Martín Morillas ingresó al atletismo por obligación. The gustó jugar al fútbol, ​​​​como la mayoría de sus compañeros de clase en Granada y en el pueblo, Benalúa, situado en la Hoya de Guadix. Cuenta que su profe de gimnasia le coaccionaba con rebajar su nota de educación física si no se apuntaba al tetratlón, una combinada para atletas infantiles que consta de cuatro pruebas, entre ellas el salto vertical. «Saltaba muy poco, la altura era mi peor prueba junto con el lanzamiento de peso. La batida con la pierna izquierda y el rodillo ventral me superaban. el listón. El profe vino a corregirme pero yo le solté espera, espera, que yo salto a lo ‘fóhgury’, así, dicho con la ge y la ax aspirada. Como resultado que había pasado la altura de sobra, propuso mi pequeña revolución técnica. Ahí creo que reconvertí la oferta en disfrute».

Campeón Nacional

Con 15 años consiguió igualar la plusmarca nacional infantil, 1.70, y con 20, Martín Morillas era el nuevo campeón nacional utilizando el ‘Fosbury flop’. Su record de España absoluto, tras haber sido olímpico en Montreal 76, superaba al cabo de tres años, entre 1976 y 1979, en seis centímetros la plusmarca anterior lograda por el aragonés Gustavo Marqueta, un rodillista de 2.16, el penúltimo mohicano del salto a horcajadas en España junto al catalán Martí Perarnau y el vasco sorteado en Barcelona, ​​Roberto Cabrejas, estos dos últimos capaces de reconvertirse en ‘fosburistas’ tras años practicando el rodillo ventral.

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El impacto del ‘Fosbury flop’ ya se hizo notar en los Juegos de Munich de 1972, cuatro años después de los Juegos en México, con los tres saltadores que sousieron al podio emulando la técnica que ha hecho inmortal al porteto de Portland. Todos los registros mundiales posteriores llevan el sello del estadounidense, excepto el del rodillista ruso Vladimir Yáshchenko y sus 2,34 de 1978, en una sorprendente revisión vintage de estilo que a la postre no tuvo continuidad.

Los 2.09 de la búlgara Stefka Kostadinova en 1987 y los 2.45 de Javier Sotomayor en Salamanca en 1993, ambos figurando en lo más alto del listón como vigentes recordiales en categoría femenina y masculina, respectivamente, incluyendo ambos el ADN Fosbury. También las marcas más españolas de Arturo Ortiz (2,34) y de la campeona olímpica en Río 2016 Ruth Beitia (2,02) comparte técnica y estilo, quizás al 50% en el caso de la atleta cantabra, con el saltador que impactó a una generación actual . Hay siguientes. «Fosbury nos hizo soñar y nos enseñó a ser atrevidos y creer en nosotros, sea cual fuere nuestra manera de saltar o de vivir», concluyó el olímpico granadino, aún fascinado por el salto que cambió para siempre su carrera atlética.