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real saciedad



La semana viene marcada por la selección de fútbol soberana que el pueblo de guardiola propino al El Madrid de Ancelotti. How leí no sé dónde, lo que más duele al madridismo no es perder, sino que después llegué Guardiola y les explica por qué perdieron. Ese volante de más, un pivote avanzado, un medio campo más poblado. Bueno, todo eso que dice Guardiola. Y los coloresretorcidos de place de manera vicarial, gracias al festival de goles y juego en el Estadio Etihadaunque luego llegara Mourinho para interpretar al Mourinho de siempre: «En la Roma no tenemos suplentes de 80 millones de dólares».

mi amigo jordy bosch, en el Diari de Girona, escribía sobre unos conocidos argentinos que disfrutaban más de la derrota del rival que de las propias victorias. Me descubre el término Schadenfreude, «el sentimiento máximo de satisfacción provocado por la desgracia o el sufrimiento ajeno». De eso llegaron la semifinal del miércoles, y también de la revalorización inmediata de una Liga que hubiera parecido descafeinada si el Madrid hubiera llegado (ganándola, por supuesto) a la final.

Relajados, pues, y cansados ​​de tanta camino y tanta cena y tanta celebracionlos azulgranas, se plantaron en el césped, a los acordes de Guns N’ Roses, para bailar un minué que Mateu Alemany contemplado desde el palco después de haber interpretado el papel del hijo pródigo en una versión sui generis in the que vulve a casa sin apenas haber cruzado el umbral para irse. Ciertamente, este club es un autentico vodeviluna ilusión, una sombra, una ficción sin base real, en la que cabe la parafernalia del minuto 10 reclamar el sueño de Messi y también la práctica de la imposibilidad de hacer al “fair play” financiero, más aún si, como parece, los ingresos por el exilio en Montjuïcsumados a los gastos por jugar en el Lluís Companys, sumados a la defección de la afición por el precio de los pases de temporada, nos dan el resultado de alargar todavía más la agonía presupuestal.

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Pero bono. Se realizó de pasar el trámite para llegar a la fiesta. El Barça (podríamos consultar la hemeroteca), en cuanto se ve campeón relaja hasta extremos inauditos. Es normal, por supuesto, les pasa a muchos (pero no tanto), e históricamente solo se ha competido de verdad cuando en el paisaje después de la batalla se vislumbraba una campeones o vete tiene saber qué registro se va a construir. Esta Liga ya ha saciado, realmente, el sala azulgrana. Ahora, dieta para poder hacer frente a los equilibrios y los descalabros del «mercato».

No existió la voluntad estética y ética de querer alcanzar la copa de la Liga después de un triunfo. ¿Para qué? Era solamente el aperitivo amargo anterior a la euforia. ¿Euforia? Bueno, poquita. Nada que ver con los fastos de antaño. es mucho no Javier peripatetico lanzando piropos a Laporta eres Busquets desatado en la grada de animación, como prolegómeno al adiós definitivo en la tarde de las elecciones. Cantaban «Només entrar a la grada, em vaig enamorar». A ver como suena Un dia partir en uno olímpico una avalancha de turistas.