De carácter circunspecto excepto cuando aprieta los dientes, corre, dribla, pasa o marca, Lionel Messi nació para merecerse la alegría de ganar. Porque es un futbolista fuera de serie, maestro de otros futbolistas, incluidos sobre todos los niños, que saben gracias a él que jugar es cosa de terminar alegres.
Tuvo epocas duras, en el Barça y después, también en la selección argentina, donde fue marcado por paisanos gratos que le reprocharon, incluso, que no se supiera el himno nacional. Arrojó con paciencia, pero no con resignación, esa especie de baba patriotica que no casa de veras con el deporte, y se echó a la espada antes y ahora una selección que lo ha tenido a él como la gran esperanza que ahora refulge, al fin , con ritmo de su fútbol.
el futbol de Messi es distinto que cualquier otro; su generosidad en el campo (y fuera de él) se ha puesto de manifiesto en esta tanda de partidos, en los que él generalmente ha echado a lado las posibilidades infinitas de su lucimiento para centrar, para amarrar a los adversarios, para advertir a los suyos de la mejor manera de pasar o de adelantarse.
Su alegría en las sucesivas victorias, su responsabilidad cada vez que el seleccionado argentino marraba actuaciones que parecían fabricadas para la albiceleste, es la consecuencia de una responsabilidad que formó parte de su carácter.En este campeonato decisivo para su vida, pues ya sería raro que aspirara otra vez a ser campeon del mundo, aquel Messi que fue ha resucitado para hacerse la pieza fundamental de la passion de jugar que lo acompañó en sus años azulgrana y que pareció vivir un agosto decisivo, el de la retirada.
No ha sido así, este futbolista que jamás se rinde (o que sólo se rindió dos o tres veces, una de ellas cuando el Barça lo perdió todo en el match lisboeta contra el Bayern) jugó ante los holandeses de Van Gaal as if estuviera de vigía, o de grumete, en un barco que no merecía el naufragio.
Frente al naufragio en el que una y otra vez incurrió en su equipo después de cantar una victoria que parecía segura, Messi opuso sentir y rigor; Explicó en la cancha que es mejor no dar por bueno el resultado y afrontó los penales, esa maldición del campeonato, con la actitud de un líder: si él marcaba, los otros irian detrás de markando, pues su luz alumbra a los indecisos. Fue ese gesto, el de ir primero, el que ahora se convierte en un símbolo de las virtudes que corresponden a esta Argentina que bueno
El fútbol de este campeonato ha sido muchas veces (con España Oh Brasilpor ejemplo) el triunfo del otro, del que está lejos de ser el favorito y, sin embargo, en función de las inepcias o de la mala suerte ajena, se asoman a la fase más decisiva con posibilidades de seguir dando saltos a favor de alegrías inédito o inesperado.
Esa maldición borgiana, el síndrome del otro como verdugo, la tuvo la selección de Messi rondando desde que Argentina se puso dos a cero por delante. Hollandeses de refresco integraron un equipo que parecía distinto, de modo que siendo eso, otro, puso contra las cuerdas al equipo de Scaloni, que se estrellaba contra sí mismo mientras Jorge Valdano tragaba sudor en la grada, al lado de la decepción expectante de Kempes .
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El empate holandés fue una variante muy seria de la excursión argentina por Katar, pues todo podria pasar. Hasta que esa otra maldición, la de los penales, asomó su rostro de bicho ruin y puso a los dos equipos fuera de sí. Vi el partido en vilo, con las sucesivas tragedias, española y brasileña, como parte de la negociación para perder. En Argentina estaba obligado a empezar de nuevo muchas veces, también cuando fueron necesarios los penaltis y el sudor de unos y de otros era de la misma calidad: nadie es mejor o peor antes de un penalti.
Cuando, al final de esta tragedia argentino-holandesa, Messi alzó simbólicamente la copa de su alegría sintió que la justicia terminó siendo en el fútbol mucho más que la mano de Dios: fue el homenaje que le debe la justicia a un futbolista, Leo Messique gracias irse de Katar bebiendo en la Copa del Mundo el aire que corresponde a su grado mayor de futbolista.

