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Foodtech israelí, una cuestión política y económica



El Instituto de Ingeniería Mecánica y Tecnología de la Universidad Técnica de Israel (Technion), Haifa, en mayo de 2018.

En el último piso de una moderna torre en Rehovot, una ciudad a 30 kilómetros al sur de Tel Aviv, Didier Toubia, el jefe de Aleph Farms, presenta al visitante este producto del que está tan orgulloso y que parece confundirlo con una delgada tira de ternera envasada al vacío. Salvo que no se trata estrictamente de carne, sino de un alimento procedente de cultivo celular.

Al igual que muchas empresas emergentes israelíes, la empresa emergente Aleph Farms surge de la investigación realizada en Technion, un instituto tecnológico de renombre mundial que, en Haifa, es una ciudad dentro de una ciudad.

En uno de sus muchos laboratorios, seguimos trabajando para perfeccionar esta fuente de alimentación del futuro y, en particular, para permitir la producción de piezas más gruesas gracias a la impresión 3D. Como señal del interés sostenido del Technion en los temas alimentarios, un centro de innovación en evolución en FoodTech debería ver la luz allí en 2025.

Imperativos ecológicos

Sin esperar futuros desarrollos de investigación, Aleph Farms tiene la intención de comenzar la producción lo antes posible. En sus instalaciones de Rehovot ya cuenta con un demostrador para afinar sus procesos productivos y tiene previsto abrir fábricas en Israel y Singapur para 2025 para producir decenas de toneladas de este alimento al año. Esto, a pesar de que aún se espera la luz verde de las autoridades sanitarias internacionales.

Didier Toubia, conocido durante una inmersión en el ecosistema tecnológico (organizada por la agencia Raoul) para periodistas franceses, no tiene ninguna duda de que la solución desarrollada por su empresa es esencial con respecto a los imperativos ecológicos. Su “carne” –la palabra es cuidadosamente eliminada por la empresa– produjo un 78% menos de emisiones de CO22y permite reducir la dependencia del exterior de países donde la ganadería no está desarrollada, como Israel, que importa el 90% de su carne de vacuno.

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La compañía ya está interesada en nuevos campos de actuación como los colágenos para alimentación o cosmética. Pero también sabe que tendrá que tener paciencia para imponer un producto fuera de lo común: “Tesla tardó quince años en hacerse con el 10% de cuota de mercado”indica el Sr. Toubia que espera tener éxito en operar la misma revolución.

En un informe elaborado a principios de año, la organización Start-Up National Center −en el corazón del ecosistema tecnológico difuso− enumera 637 start-ups dedicadas a la agricultura y la alimentación, de las cuales la gran mayoría (90 %) menos de 5 años. “Hay un boom innegable”, cree Alon Turkaspa, especialista en estos temas dentro de la organización. Estas empresas incluyen algunas que buscan fuentes alternativas de proteínas, otras que desean crear nuevas categorías de alimentos o buscan empaques. Por su parte, AKA Foods está trabajando en el desarrollo de inteligencia artificial para acelerar la producción de productos vegetales que imiten el sabor y la consistencia de los alimentos cárnicos.

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