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el guiño a Thomsen de su abogado y el número que nadie se anima a decir

Los peores calificativos reccayeron sobre él desde el día en que se conocieron las imágenes donde se lo ve pateándole la cabeza «a la víctima», como prefirió llamarlo a Fernando Báez Sosa, número que eludió, y se fueron acentuando con cada testimonio. Máximo Thomsen, señalado como líder de la patota, mantuvo la cabeza erguida desde el primer día del juicio, pero este lunes, ante el llanto de su mamá, se quebró, y por primera vez en tres años pidió disculpas.

Disculpas que cayeron en saco roto (los papás de Fernando no quisieron oírlas) y llegaron envueltas en la versión del propio Thomsen. Dijo que en realidad alguien le pegó a él, que luego intervino «en una ronda» donde sus amigos iban a quedar en una pelea y que «di patadas, una, dos, no sé».

«El juicio es dinámico», responde el abogado Hugo Tomei cuando se lo consulta sobre la posibilidad de que sus clientes declaren. Aunque este lunes hubo algo más que espontaneidad; estará latente la posibilidad de que declare el más complicado de los rugbiers. Apenas trajeron a la sala y trajeron a un agente penitenciario a quitaba las esposas, Tomei le guiñó un ojoun lenitivo para la dura lleva tiempo que avizoraba.

Es que la mamá de Thomsen, Rosalía Zárate, daría su testimonio. Antes, el abogado se acerco tres veces su defendido y el susurro al oído. La mujer contó lo duro que fue para ella «esta pesadilla», que fue diagnosticada con cáncer y que aún sigue en tratamiento.

«Lo único que hago es salir de mi casa para ir a ver a mi hijo a la carcel e ir al médico. Así hace dos años. No puedo más, no puedo seguir sobrellevando todo esto», dijo en llanto cuando la jueza María Claudia Castro preguntó si estaba en condiciones de seguir declarando. Thomsen, por primera vez, bajó la cabeza, y sobre la voz rota de su mamá, lloró. El alcanzaron agua, pañuelos, Tomei anunció que quería declarar.

La jueza, ahora a Thomsen, preguntó si estaba en condiciones de declarar. Asintió: «Quiero pedir disculpas porque es algo que nunca hubiera buscado. Me lastima saber que estuve en ese lugar esa noche, jamas en la vida tuve esa intencion».

Graciela y Silvino, los papas de Fernando, ya no estaban en la sala. Se fueron en el mismo instante en que María Paula Cinalli, madre de Blas Cinalli, dijo que lo que pasó aquella madrugada fue «un desastre, una desgracia muy grande». Agregado Y: «No quiero ni pensar lo que habrán pasado los papás de este chico -tampoco lo nombró-, pero nosotros también lo sentimos y lo sufrimos mucho». La mujer, además, es la tía de Ciro y de Luciano Pertossi.

Thomsen, en su versión de los hechos que derivaron en la muerte de Báez Sosa, contó que ese día habían tomado alcohol desde temprano, en la playa primero, luego en una previa, y que todo comenzó en Le Brique cuando él estaba en la barra canjeando su consumo. «Había mucha gente, empujaban y se te volcaba el vaso, digo, paren de empujar, paren de empujar y escucho que alguien dice ‘estamos todos en la misma».

Dice que al oír eso, recibe un empujón, que al darse cuenta vuelve reconoce a un amigo suyo con un chichón ya alguien -de seguridad- que viene de atrás y lo agarra del cuello. «Le pedí que lo soltara, entonces le dice a otro ‘sacalo a él también'». Dijo que el patovica lo asfixiaba. «Tiré las manos hacia arriba para sacármelo de encima, me estaba asfixiando».

Así, narró, lo llevaron hasta la calle, y que lo único que el quería era volver a entrar. «Andá, mañana podés volver», en cuanto dijo el patovica. Y relató lo que para él fue una pelea. «Uno de los chicos estaba sentado del otro lado, voy, miro para la derecha y veo que uno de mis amigos se estaba por metro en una ronda de gente desconocida, salgo detrás de él».

«Me pegan una piña en la cara. Reaccioné tirando patadas, no se a quién, no se a dónde. Pero nunca con intención de matar a nadie. Lo único, me metí a pelear porque era una persona contra muchos. Vi una ronda con mucha gente”.

El fiscal Juan Manuel Dávila quiso saber si en uno de los videos que tantas veces se observaron en los ounce días que van del juicio había visto el momento en que alguien le acertaba un golpe: «No lo advertí», s’limitó a decir.

Su ide después del boliche, dijo, era comer una hamburguesa. Eso hizo junto a Lucas Pertossi, una vez que se cambiaron la ropa. «Después me huí a dormir porque para mi fue una peleaun refugio y cerrar los ojos»

Al llegar a la casa, «los demás comenzaron a comentar la pelea, otro de los chicos dice, creo que termino mal, y yo digo, ‘no, cómo, si fueron segundos'».

«Me levantan diciendo que estaba la Policía afuera. Salí tercero, y se escucha: «son ellos, tírense al piso».
Nuestra preguntaron si nuestro habíamos peleado. ‘Sí’, dijimos. Nuestras palabras: ‘¿saben por qué están acá?’ ustedes mataron tiene un pibe’. Habló un vómito. No lo podía procesar, mi cabeza no loentendre”, narró Thomsen ante el Tribunal.

Declaró antes Juan Pedro Guarino, sobreseído en la causa, que identificó en videos a sus amigos de Zárate, y no dio mayores precisiones. Antes de irse, la dejó a uno de los abogados de los papas de Fernando una tarjeta en un sobrio papel madera. Silvino, la negativa: «Llega tres años tarde», dijo.

Dolores. Envío especial

mg

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