FFrente a la continuación de la inflación, a principios de junio se pidió una vez más a los fabricantes que aceleraran las negociaciones comerciales para reducir los precios de los alimentos. Sin embargo, algunos ya habían renegociado los precios sobre la base de los precios de los productos básicos agrícolas de 2022 (cereales).
Recuerde que nuestras políticas no pueden pedir sistemáticamente a los fabricantes que muestren moderación en cuanto se produce un cambio en el mercado, sabiendo que estos sobresaltos no benefician a los distintos actores del sector sino a los bancos y fondos de pensiones que especulan con estas materias primas. Podemos lamentar que nuestros políticos no tengan el coraje de interferir en la regulación de estos mercados para frenar este modelo defectuoso. La razón es obvia: poderosos lobbies están presionando.
De acuerdo a un estudio del CCFD-Terre Solidaire sobre los precios del trigo Matif en 2022, casi el 70% de las compras fueron realizadas por financistas y el 80% fueron puramente especulativas. Sin embargo, este mercado agrícola se creó para garantizar un seguro de precios para los agricultores.
Las desastrosas consecuencias para la alimentación
¡O finalmente se ha convertido en un verdadero patio de recreo para los especuladores! Estos últimos no tienen un vínculo directo con el sector agroalimentario y ven el cereal como una simple mercancía para comprar y revender. Las consecuencias son desastrosas en términos de inseguridad alimentaria. Las crisis que estamos atravesando como la sequía o la guerra en Ucrania son terreno fértil tanto para las presiones geopolíticas como para la voluntad de los precios.
La especulación cataliza entonces estos fenómenos con terceros que apuestan al alza o a la baja y generan ganancias en detrimento de los productores pero también de las poblaciones, algunas de las cuales ya no tienen medios para alimentarse.
Agregue a esto que estos especuladores que se benefician de las crisis alimentarias permanecen completamente anónimos. La única forma de evitar estos excesos es exigir a los actores financieros y agroalimentarios que sean completamente transparentes sobre sus transacciones y sus identidades.
El comercio justo como modelo
Como primer paso, exigiremos a las industrias agroalimentarias que especifiquen las condiciones de sus compras de materias primas agrícolas: en el mercado, fuera del mercado o según una combinación de ambos.
En este sentido, el comercio justo puede ser un modelo, fijando precios durante un período contractual plurianual y garantizando una remuneración justa a los productores. De hecho, es imperativo devolver la autonomía y el poder de actuar al agricultor. Debe tener confianza en su capacidad para analizar su entorno en lugar de imponer incansablemente especificaciones poco realistas y restrictivas.
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