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una fuente de ingresos para el Barça



Lejos quedan los vaticinios de que el mundo cripto haría de oro al deporte. Tras el boom inicial que sí dio mucho dinero a los que se movieron rápido, como la NBA, el mercado de los NFT -obras de arte o digital collectibles, por simplificar muchose ha estabilizado. Desde aquí, a las claves para clubes, competiciones y marcas es cómo realizar una aproximación correcta para sacarle el máximo partido. Yahí el Barça creo que está acertando.

La obra inspiración digital es Juan Cruyff vendido por 500.000 dolares con un año y la de Alexia Putellas se acaba de colocar por más de 300.000 dólares este mismo mes. No sabemos cuál es el margen neto que le quedará al club, una vez descontada la retribución a los artistas y el coste de las experiencias físicas asociadas, pero es una fuente de ingresos que antes no existió y que la dirección ya se ha convertido en recurrente.

Porque l’idée es que al menos lanza un NFT de este tipo cada año, manteniendo la exclusividad de cada una de las obras para alejarla del concepto cromo digital. Para marginar ya están los tokens desarrollados con Socios, que en tres años le ha dejado 20 millones de limpios al Barça, mucho más que las ganancias que genera BLM.

¿Wembley, «hecho en España»?

La Real Federación Española de Fútbol (Rfef) anunció esta semana un plan muy mediático, pero cuyo sentido económico genera más de una y dos dudas entre los profesionales de la industria del deporte. A Wembley español o, lo que es lo mismo, un estadio nacional para entre 30.000 y 40.000 personas.

El precio ? Aún no se sabe, pero tenemos la referencia de los 83 millones de euros que invirtió el RCD Espanyol en su real hogar para un recinto de similares dimensiones. ¿Es sa reversión recuperable? No, si esperamos precisamente a la evolución de la compañía que ópera el mítico estadio inglés reinauguró en 2007.

La empresa gestora de Wembley acumula un precio de más de 200 millones de euros, e incluye los primeros años de la pandemia pierde media más de 6 millones de euros al año. Y eso que el recinto billura más de 100 millones al año y que, por su dimensión (90.000 espectadores) y ubicación (Londres es una de las grandes capitales mundiales del entretenimiento) es sede de múltiples conciertos de masas y acoge todos los partidos de la Selección inglesa, las últimas finales de la Emirates FA Cup, la Carabao Cup y los playoffs del Championship.

Esto es lo que se espera de un recinto de ocio y entretenimiento: actividad constante y no puntual, algo que no se vislumbra con la idea plantada por luis rubiales. El aforo le impediría incluso poder acoger la final de la Copa del Rey, la Supercopa de España está firmada para Arabia Saudita hasta 2029 y se ha deslizado que la vocación es que la Selección siga recorriendo España, porque eso no deja de ser un negocio que la RFEF ha sabido explotar bien estos últimos años.

Pensando en el Mundial 2030, estadios sobran. En la parte de los eventos, se antoja más fácil que pueda ser un espacio capaz de competir por ubicación, servicios y aforo con el Santiago Bernabéu, el Cívitas Metropolitan o el Wizink Center.

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La decisión final no será baladí, pues la inversión en la construcción y el mantenimiento de la misma no dejan de ser recursos que podrían ir a otros aspectos, como la promoción de las competiciones qu’organiza la Federación o ayudas a la profesionalización de los clubes .

Otra cuestión es que en lugar del estadio nacional se ponga el foco en una nueva ciudad deportiva, de mayor tamaño que la actual si hoy existen los campos es insuficiente, en la que se concentra una mayor actividad federativa y de competiciones de categorías inferiores. Pero eso no requiere un Wembley español.