Rseamos realistas: el culto a la interpretación ha sido el motor de los inmensos avances tecnológicos, humanos y sociales de los últimos siglos. Hoy está en todas partes, omnipresente, insuperable. Por desgracia, también nos lleva (¡y rápidamente!) al muro, el de los límites planetarios físicos. La concentración actual de CO2 atmosférico (415 ppm) nos lleva 800.000 años atrás; las reservas conocidas de roca fosfórica, esencial para la producción de alimentos, podrían agotarse ya en 2040…
La obsesión contemporánea por optimizar unas pocas variables cuantitativas (PIB, rendimientos, etc.) nos ha condenado paulatinamente a destruir las otras variables menos cuantificables derivadas de los organismos vivos. Y nos sitúa (sociedad, empresa, individuo) en una condición de extrema fragilidad e inadaptabilidad, mientras se multiplican las crisis sistémicas (climáticas, sociales, etc.).
Es urgente emprender un gran cambio: sustituir el culto a la actuación por el de la robustez, y por tanto de una supuesta dosis de ineficacia. Se trata de no apuntar ya al máximo, ni siquiera al óptimo, sino a estar por debajo del óptimo para poder hacer frente a los imprevistos. La subóptima, uno de los pilares de la economía regenerativa, no es una mala palabra. Al contrario.
La dureza operacionaliza la durabilidad
Lo vivo, a nuestro alrededor, es efectivo y permanente. Pongamos dos ejemplos: ¿fotosíntesis? Si se hubiera inventado en una fábrica, habría provocado su quiebra inmediata, según los estándares del mercado actual. Las hojas capturan el 100 % de la radiación solar, pero la eficiencia de la fotosíntesis suele ser inferior al 1 %. Esto es lo que permite a las plantas gestionar las variaciones de luz. Si la eficiencia de la fotosíntesis fuera óptima, las plantas se quemarían en caso de una alta fluctuación.
Lo mismo ocurre con la temperatura corporal, 37°C, muy lejos del óptimo de enzimas a 40°C, lo que permite a nuestro organismo tener mucho margen en caso de infección. Aplicar este nuevo paradigma a nuestra vida diaria puede cambiarlo todo. La robustez hace operativa la sostenibilidad: nutre la adaptabilidad de nuestras empresas y la autonomía de los territorios.
Hoy en día, las cadenas logísticas todavía se están optimizando en el justo a tiempo: un carguero que cruza el Canal de Suez… ¡y todo se detiene! ¿Y si privilegiamos los stocks, la diversidad de proveedores y los recursos del territorio local, cerca de los consumidores? Hoy en día, las versiones de los productos electrónicos son cada vez más eficientes, con cada vez más funcionalidades. ¿Qué pasaría si privilegiamos la capacidad de un producto de ser reparable, con piezas modulares y disponible cerca?
Le queda por leer el 39,15% de este artículo. Lo siguiente es solo para suscriptores.


