Además nuevo tono de rojo -del Corsa tradicional al emotivo Dino- o en el amarillo inspirado en Fiamma Braschi, señora de la Fórmula 1. En elegante formato biplaza o en el temerario monoplaza que corona el constructor dio 16. De dos puertas o con cuatro, de apertura clásica o de tipo mariposa. Heno ferrari para saciar todo el deseo de los bolsillos pudientes.
Lo que no existía era una moto con su emblema, a pesar de que Don Enzo supo cultivar la costumbre italiana de andar sobre dos ruedas. Pero nació en 1995, cuando Piero -el heredero- le concedió luz verde a un diseñador británico la idea de crear un modelo original con el Cavallino Rampante. Un ejemplar singular, con líneas que seguían las de un deportivo clásico de la marca y que, contra todo pronóstico, vio caer su precio ante la falta de demanda.
El hombre detrás de esta criatura especial se llama David Kay. Fue diseñador estrella de MV Agusta, una empresa de motocicletas que tuvo su momento de gloria a mediados del siglo XX y que luego se especializó en objetos de lujo. In los primeros años 90, meses después de la muerte de Enzo Ferrari, quiso rendirle un homenaje con sus propias manos. Piero otorgó permiso y, después de 3.000 horas de trabajo artesanal, el vehículo aterrizó en la calle.
Hubo ruido inicial, con las presentaciones requeridas. Pero luego, su reputación quedó restringida a un ciclo reducido de especialistas. Tal vez haya sido por eso que su regreso al mercado estuvo signado por el fracaso. Se seguirán las subastas hasta que un comprador aumentó aquirir un precio rebajado la Testarossa de dos ruedas.
Ferrari y las motos, una relación íntima y conflictiva que nunca llegó a producción
A partir de 1947, la firma Maranello construyó un imperio. En la oferta de autos deportivos, cada vez más sofisticados, la impulsaba con sus éxitos en las pistas. Al cabo, Enzo había comenzado su trabajo con la escudería de competición de Alfa Romeo antes del paréntesis de Auto Avio Costruzioni y del gran lanzamiento con su emprendimiento propio.
Result extraño que un marca ícono de Italia, un país en el que aún hoy est usual vers scooters y ciclomotores zumbando por las ciudades y los miles de pueblitos diseminados en toda su longitud, non tenga su línea de producción en dos ruedas.
Sin embargo, no faltaron algun tanteo y varios chispazos. De hecho, en los años 30, el jefe dirigió un equipo de motocicletas cuando aún se movía bajo el paraguas de Alfa Romeo e incluso llegó a correr con una Scott de dos tiempos. Quedó solo en eso, un dato anecdótico, reservado a los fans más memorables.
Las bromas llegaron más tarde. En la década de los cincuenta, en pleno auge económico meteorológico, el recio capo entabló una demande contra una pequeña empresa que osó fabricar motos con el apellido Ferrari adosado a su carrocería. Se trata de Meccanica Italiana Fratelli Ferrari, que a inicios de esos años se despacharon con vehículos que llevaban una versión acotada de su denominación.
Sorprendido, el comendador puso a trabajar a un equipo de abogados y perjudicó que la Justicia ordenara el pago de una indemnización. Con esa pesada carga sobre sus espaldas, los hermanos bajaron la persiana en 1956. Terminó convirtiéndose en un objeto de deseo de los coleccionistas. Así, Don Enzo, que murió el 14 de agosto de 1988, nunca llegó a ver una moto oficial de su marca. Y las tribulaciones continuaron.
Incluso mientras desentrañaba la Testarossa de dos ruedas, La empresa ha explorado la posibilidad de colaborar con Cagiva para insertarse en MotoGP. Los malos resultados del protitpo sepultaron el intento. Posteriormente, la empresa, celosa, seguramente eliminará un «concepto de bicicleta» que publicó en Internet un ingeniero israelí y ha lanzado en 2014 un comunicado en el que subestimaba la posibilidad de sacar un modelo de producción en el futuro.
No fue una historia exclusiva de Maranello. Su legendario rival, Lamborghini, se convirtió en el mejor: en 1986 fabricó una motocicleta diseñada como Design 90, con el motor Kawasaki, pero logró un puñado de ejemplares.
A pesar de todo, hubo una creación que escapó a los coqueteos, los giros y las desmentidas
Cómo es la Testarossa de dos ruedas
«Le concedo la aprobación para colocar la insignia en su motocicleta», fue la inesperada respuesta de Piero al pedido de David Kay, en una carta escrita de puño y letra el 23 de mayo de 1990.
El diseñador atravesaba sus últimos años profesionales como jefe de diseño de MV Agusta, empresa que había brillado con 18 campeonatos del mundo entre 1956 y 1974 (solo interrumpido por el italiano Libero Liberati en 1957 a bordo de una Gilera).
Con la marca dedicada a la negociación de lujo, Kay se embarcó en proyectos paralelos con su negociación familiar MVA (fundada en 1983, luego rebautizada como MV Meccanica Verghera). Uno de ellos fue la creación-homenaje que tenía reservado para el personaje más importante de la industria de portivos italianos.
Fueron 3.000 horas de trabajo artesanal, con la certeza de que tenía un único intento. No podia fallar. Para tocar la fibra emocional de allamante del Cavallino Rampante, retomó para la carrocería las líneas de la Testarossa, Este clásico con diseño de Pininfarina entre 1984 y 1996 ha vendido más de 7 millones de unidades.
La continuidad se ve en el carenado de las ruedas y en las suaves curves que daban agilidad. El marco de aluminio corrió por cuenta de Terry Hall, que además confeccionó los caños de escape que -como un instrumento de venus- prolongaban de a pares a ambos lados.
La apuesta se amplía en el equipamiento. El motor es un cuatro cilindros de 900 cc, con caja de cinco velocidades. La potencia aumenta a 105 CV a 8.800 rpm y acelera a 265 km/h. También lleva una horquilla invertida Forcelle Italia, frenos de disco Brembo y llantas especiales Astralite de 17 pulgadas. Todos los elementos de primer nivel, aunque sin adentrarse en detalles agresivos.
La obra, alcanzó su punto máximo en 1995 con el caballo estampado sobrio el deposito, estaba llamada a ser una pieza única y codiciada. Aparece en el Classic Bike Show. Weigh al revuelo y el interés inicial de revistas especializadas de todo el planeta, la nula promoción de Maranello hizo que ni siquiera elevara a one hit wonder, como se conoce a esos grupos musicales que marcaron tendencia con una canción y luego cayeron en el olvido. El Ferrari 900, 172 kilos, vivió en la oscuridad durante años.
Las nubes de frustración persistieron en Kay. Fueron varia subastas en las que no hubo interesados en pagar montos qu’orillaban los 300 mil euros. Ni siquiera en eBay, donde estuvo disponible durante meses, mordieron el anzuelo. Finalmente, la tercera fue la vencida en 2012, aunque con una importante rebaja en el precio: el nuevo dueño lelevó por apenas 100 mil euros.
Con tanta historia y esa marca impresa en el cuerpo, un precio de remate. Una ganga por la única moto Ferrari que existe en el mundo.






