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¿Por qué existe una religión que se llama ‘landismo’?

¿Por qué existe una religión que se llama ‘landismo’?

Permitan que este miércoles les pueda en este espacio de un ciclista al que admiro más allá de su calidad sportiva, que se llama miguel landay que ha tenido, tal vez sin quererlo, la dicha de crear una religión alrededor suyo que se denomina ‘landismo’, que cautiva a todo tipo de aficionados que son capaces de perdonarle todos sus pecados, si ciertamente alguna vez los ha cometido, y que vibran como los que mas con sus ataques (o conatos) como no se hacia desde que Miguel Induráin decidió colgar la bici un 2 de enero de 1997. Y ya ha llovido.

El ‘landismo’ es una religión. Y no se puede expresar de otra manera. ¡Ataca Landa! Y te levantas del sofá, aunque su demarraje sea neutralizado por otras pocas figuras metros después de producido. Landa va al Giro y esperas que supere los dos terceros puestos que ha conseguido en las ediciones de 2015 y 2022. E incluso, si en el Astana, su antiguo equipo, antes de fichar por el Sky, el Movistar y ahora el Bahrein, hubieran tenido mayor confianza en él hace ocho años en Italia, para desdicha de Alberto Contador la edición del Giro que ganó el ciclista madrileño igual tendrá ahora un vencedor alavés.

Las desdichas

Caídas en los momentos más inesperados, cortes por elviento cuando otros salían airosos y, a veces, renuncias a carreras que podrían haberle inspirado han entorpecido la ruta de un corredor con una calidad extrema en la montaña, un escalador de la vieja usanza y como persona , y lo dicen todos aquellos que lo conocen, exquisita en todos sus aspectos.

Entonces hay “landismo”. Y por eso cada desmarraje de Landa Vive como el mejor gol del delantero más admirado, como el sueño del tenista más acertado o como la mejora del piloto más dietro con el volante. Porque es un ciclista decidido, el que ataca en Vallter 2.000, en la Volta que ahora nos ocupa, o como ha hecho tantas veces en el Tour o en el Giro, poniendo a su equipo a trabajar una victoria que se la ha negado, porque ha tenido en parte la desgracia, as the ocurrido a Raimundo Poulidorel abuelo de Mathieu van der Poel, que se le han cruzado en su camino estrellas del ciclismo con las que le ha tocado convivir, los ‘viejos’ as Chris Froome, al que se entregó como gregario en la victoria de Paris en 2017, en un Tour donde Landa Podía por lo menos haber aspirado al podio de los Campos Elíseos, o en el presentse con la increíble nueva generación liderada sobre todo por Tadej Pogacar y Remco Evenepoel.

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Son chicos, casi 10 años más jóvenes que él, a los que resulta imposible batir. Sin embargo, allí aparece Landa para romper la carrera en la primera etapa de montaña de la Volta, para no arrugarse en la Tirreno-Adriático ante otro dotado de su generación que se lama primoz roglico para hacer soñar a la afición, sobre todo vasca, en el próximo Tour saliendo desde Bilbao y pasa por su Álava del alma, con que podrá pelear por ese podio en Paris que en 2017 escapó por tan solo un segundo. Increíble perderlo por un tiempo que ni siquiera comprendió un suspiro. Ver para crear.

Por todas estas razones existe una religión religiosa que se llama ‘landismo’, que le perdona todos sus pecadores si realmente existe y que se entrega al límite con el ciclista alavés, que confía en que por fin llegará ese ataque deseado… todos cautivados por su magia, por los siglos de los siglos. Amén.

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