On ha dicho y escuchado mucho que las críticas provocadas por la reforma de las pensiones eran indicativas de una nueva relación de los franceses con el trabajo. Lo que menos se ha dicho es que esta nueva relación con el trabajo debilita ante todo a las empresas. Los cambios que están operando actualmente en la relación con el trabajo podrían desestabilizarlos al menos en tres niveles.
En primer lugar, el auge del teletrabajo parece coincidir con un alejamiento emocional de la empresa. Como si la distancia (y la introspección y soledad que ha generado) condujera a una forma de desvinculación que no puede permanecer de forma permanente sin consecuencias sobre la motivación de los trabajadores, y por tanto sobre el desempeño de las empresas.
Entonces, el auge del individualismo en el trabajo comienza a resultar en una desintegración de la dimensión colectiva del trabajo y en un debilitamiento del sentido de pertenencia de los empleados a la empresa, lo que dificulta la tarea de los gerentes de RRHH que muchas veces luchan por retener el talento.
Una alternativa creíble y deseable
Finalmente, la apuesta por el trabajo denominado «independiente» (trabajo en plataforma, microempresa, trabajo freelance, etc.) podría acabar debilitando el lugar central que ocupan las empresas tanto como modelos de organización del trabajo, como motores de la actividad económica y como pilares del sistema de protección social.
No es que el empleo asalariado esté directamente amenazado hoy en día –todavía representa la forma de trabajar para el 80% de los trabajadores en Francia– pero el estatus de trabajador por cuenta propia, considerado hoy más libre, más flexible y menos restrictivo, constituye para un número creciente de trabajadores una alternativa creíble y deseable para trabajar en una empresa. La pregunta que surge hoy es la siguiente: ¿puede la empresa volver a convertirse en el lugar de trabajo conjunto eficaz y motivador?
Reflexionar sobre esto supone que los líderes y directivos empresariales reconozcan que ellos mismos han sufrido, durante décadas, el debilitamiento de su modelo organizacional al establecer relaciones cada vez más individualizadas en el trabajo (trayectorias, carreras, relaciones, modos de reconocimiento, organización del trabajo), y que la respuestas que están tratando de dar a las nuevas demandas de los empleados ya que los trastornos vinculados a la crisis del Covid-19 podrían acabar con este movimiento en lugar de propagarlo.
Un enfoque clientelista
De hecho, al desarrollar reflexiones en torno a las nociones de bienestar o calidad de vida personal en el trabajo, podrían contribuir a establecer un enfoque clientelar por parte de los empleados que esperan cada vez más que sus empleadores les ofrezcan “servicios” adaptados a sus necesidades. Necesidades personales».
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