El tribunal de Haarlem, en la provincia de Holanda Septentrional en los Países Bajos, inició el martes 21 de marzo el examen de un recurso presentado por KLM y otras diez aerolíneas, incluidas Easy Jet y Delta Airlines, contra los planes del gobierno holandés, que pretende limitar movimientos en el aeropuerto de Amsterdam-Schiphol, uno de los principales hubs europeos. KLM, aliado de Air France desde 2004, opera allí el 60% de los 1.400 vuelos diarios actuales.
Mark Harbers, el Ministro de Infraestructura, dio a conocer un plan en el verano de 2022 que se suponía que limitaría el ruido y las emisiones de CO2 en Schiphol, 70% propiedad del Estado holandés. Una pequeña revolución para las autoridades que siempre han apoyado el desarrollo exponencial del aeropuerto pero que ahora aseguran estar buscando un «nuevo equilibrio» entre el progreso económico y las preocupaciones ambientales.
«Un rompecabezas complejo que reúne muchos intereses», concedió en su momento el Sr. Harbers. Entre estos intereses, los de las empresas que, tras la pandemia, esperaban materializar la recuperación de su sector aumentando el número de sus movimientos anuales en Schiphol a 540.000.
situaciones caóticas
La ministra pretende, por el contrario, establecer un límite de 460.000 vuelos al año, a partir de noviembre. Con, además, la obligación de limitar el ruido gracias a un nuevo modo de regulación de los rellanos. A la 1oh Noviembre de 2024, la barra se reducirá a 440,000 vuelos anuales y para 2027 se deben restablecer límites nuevos y más severos para las emisiones y el ruido.
Las autoridades también tendrán que decidir, en 2024, sobre el destino del aeropuerto de Lelystad, situado a unos cincuenta kilómetros de Ámsterdam. Propiedad de Schiphol Group, actualmente está cerrado por razones de conservación de la naturaleza, pero se suponía que eliminaría Schiphol en el momento de las salidas importantes. El pasado verano, el aeropuerto de Ámsterdam vivió situaciones caóticas vinculadas a la falta de personal que obligó a limitar el número de vuelos.
Para justificar su recurso ante los tribunales, KLM deplora la falta de consulta, el cuestionamiento de acuerdos previos y la falta de consideración de una serie de elementos, entre ellos la renovación en curso de su flota, con aviones más limpios y silenciosos, o el uso de nuevos combustibles que se supone que reducen las emisiones. La compañía holandesa también evoca el impacto práctico de una medida que supone una difícil revisión de los derechos de aterrizaje y despegue con la posible pérdida, para ella, de unos 80 vuelos diarios.
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